Parte 2 · Capítulo 20
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA COMUNIÓN FRECUENTE
Tramo 3 de 4
Es posible, empero, que sobrevengan algunos impedimentos,. no precisamente de tu parte, sino de parte de aquellos con quienes convives, impedimentos que, en alguna ocasión, pueden aconsejar a un. director prudente el que te diga que no comulgues con tanta frecuencia. Por ejemplo, si estás sujeto a alguien, y las personas a las cuales debes obediencia y sujeción están tan poco instruidas, o están tan pegadas a su parecer, que se inquietan o enojan al ver que comulgas con tanta frecuencia, quizás, bien consideradas todas las cosas será mejor condescender un poco con su debilidad y comulgar menos. Pero esto únicamente se entiende del caso en el cual la dificultad no pueda ser superada de otra manera. Mas, como quiera que esto no se puede precisar de una manera general, será conveniente atenerse, en cada caso a lo que diga el padre espiritual. Lo que puedo asegurarte es que no pueden distar mucho unas de las otras las comuniones de los que quieren servir devotamente a Dios.
Si eres prudente, no habrá ni padre, ni esposa, ni marido, que te impida comulgar frecuentemente; porque el ir a comulgar no será ningún estorbo para el cumplimiento de los deberes propios de tu condición; más aún, como que, comulgando, serás cada día más dulce y más amable con ellos y no les negarás ningún servicio, no habrá por qué temer que se opongan a la práctica de este ejercicio, que no les acarreará ninguna molestia, a no ser que obren movidos por un espíritu en extremo quisquilloso e incomprensivo; en este caso, el director, como ya te lo he dicho, te aconsejará cierta condescendencia.
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