Parte 2 · Capítulo 21
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
COMO SE HA DE COMULGAR
Tramo 2 de 3
Una vez lo hayas recibido, mueve tu corazón a rendir homenaje a este Rey Salvador; habla con Él de tus interioridades, contémplalo dentro de ti, donde ha entrado para tu felicidad; finalmente, hazle tan buena acogida como puedas y pórtate de manera que, en todos los actos, se conozca que Dios está en ti.
Pero, cuando no puedas tener el gozo de comulgar realmente en la santa Misa, comulga, a lo menos, de corazón y en espíritu, uniéndote, con fervoroso deseo, a esta carne vivificadora del Salvador.
Tu gran anhelo, en la comunión, ha de ser avanzar, robustecerte y consolarte en el amor de Dios, ya que por amor, debes recibir al que, sólo por amor, se da a ti. No, el Salvador no puede ser considerado en una acción ni más amorosa ni más tierna que ésta, en la cual podemos afirmar que se anonada y convierte en manjar, para penetrar en nuestras almas y unirse íntimamente al corazón y al cuerpo de sus fieles.
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