Parte 3 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA ELECCIÓN QUE CONVIENE HACER EN CUANTO AL EJERCICIO DE LAS VIRTUDES
Tramo 5 de 8
Es muy útil que cada uno elija un ejercicio particular de alguna virtud, no para olvidar las demás, sino para tener el espíritu más ajustadamente ordenado y ocupado. Una hermosa doncella, más resplandeciente que el sol, regiamente adornada y embellecida y coronada de olivo, se apareció a San Juan, obispo de Alejandría, y le dijo: «Yo soy la hija del gran rey; si tú puedes tenerme por amiga, te conduciré a su presencia». Entendió el santo cue era la misericordia con los pobres lo que Dios le recomendaba, y, en adelante, se consagró totalmente al ejercicio de esta virtud, por lo que, en todas partes, se le llamaba San Juan el Limosnero. Eulogio Alejandrino, deseando hacer algún particular servicio a Dios, y no sintiéndose bastante fuerte ni para emprender la vida solitaria, ni para ponerse bajo la obediencia de otro, cogió en su casa a un pobre todo él lleno de lepra y deshecho, para ejercitar la caridad y la mortificación, y para practicarlo más dignamente, hizo voto de honrarle, tratarle y servirle como un criado a su amo y señor. Tentados el leproso y Eulogio de separarse el uno del otro, consultaron al gran San Antonio, el cual les dijo: «Guardaos, hijos míos, de separaros, porque teniendo ambos muy cerca vuestro fin, si el ángel no os encuentra juntos, correréis gran peligro de perder vuestras coronas».
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.