Parte 3 · Capítulo 2
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
CONTINUACIÓN DEL MISMO RAZONAMIENTO SOBRE LA ELECCIÓN DE LAS VIRTUDES
Tramo 2 de 5
San Bernardo era, al principio, muy riguroso y muy áspero con los que se acogían a su dirección, a los cuales decía, sin preámbulos, que habían de dejar el cuerpo e ir a él solamente con el espíritu. Cuando oía sus confesiones, reprendía con una severidad extraordinaria toda suerte de faltas, por pequeñas que fuesen, y de tal manera movía a los pobres principiantes hacia la perfección, que, a fuerza de empujarlos, más bien los alejaba de ella; porque perdían el ánimo y el aliento al sentirse con tanta violencia arrastrados por una subida tan alta y tan empinada. Como ves, Filotea, era el celo ardentísimo de una perfecta pureza lo que inducía a aquel gran santo a seguir este método, y aquel celo era una gran virtud, pero virtud que no dejaba de ser reprensible. Por esto, el mismo Dios, por medio de una sagrada aparición, le corrigió, y derramó sobre su alma un espíritu dulce, suave, amable y delicado, merced al cual, fue todo otro, se acusó de haber sido tan exigente y severo, y llegó a ser tan afable y condescendiente con cada uno, que se hizo «todo» a todos para ganarlos a todos.
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