Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 2

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

CONTINUACIÓN DEL MISMO RAZONAMIENTO SOBRE LA ELECCIÓN DE LAS VIRTUDES

Tramo 5 de 5

Letra pequeñaMedianaGrande

Dejemos, pues, de buen grado, las sublimidades a las almas muy encumbradas: nosotros no merecemos un lugar tan alto en el servicio de Dios; dichosos seremos, si le servimos en la cocina, en la despensa, de lacayos, de mozos de cuerda, de camareros; es cosa de su incumbencia, si le parece bien llamarnos a su cámara y a su consejo privado. Sí, Filotea, porque este Rey de la gloria, no recompensa a sus servidores según la dignidad del cargo que ocupan, sino según el amor y la humildad con que los desempeñan. Saúl, mientras iba en busca de los asnos de su padre, encontró el reino de Israel; Rebeca, mientras daba de beber a los camellos de Abrahán, llegó a ser esposa de su hijo; Rut, cogiendo espigas, detrás de los segadores de Booz, y recostándose a sus pies, fue llamada a su lado y fue hecha esposa suya. Ciertamente, las pretensiones muy elevadas de cosas extraordinarias están, en gran manera, expuestas a ilusiones, engaños y falsedades, y ocurre algunas veces que los que se imaginan ser ángeles, no son ni siquiera hombres de bien, y que, en realidad, hay más grandeza en las palabras y en los términos que emplean, que en el sentimiento y en las obras. No obstante, nada hemos de despreciar ni censurar temerariamente, sino que, sin dejar de bendecir a Dios por el encumbramiento de los demás, permanezcamos humildemente en nuestro camino, más bajo, pero más seguro, menos excelente, pero más de acuerdo con nuestra insuficiencia y pequeñez, y, si perseveramos humilde y fielmente en él, Dios nos levantará a grandezas más sublimes.

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