Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 3

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA PACIENCIA

Tramo 2 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

No limites tu paciencia a tal o cual clase de injurias y de aflicciones, sino extiéndela universalmente a todas las que Dios te envíe o permita que te sobrevengan. Algunos hay que sólo quieren sufrir las tribulaciones que son honrosas, como, por ejemplo, ser heridos o caer prisioneros en la guerra, ser maltratados a causa de su fe, empobrecerse por algún pleito después de haberlo ganado; mas éstos no aman la tribulación, sino la honra que acarrea. El verdadero paciente y siervo de Dios, de la misma manera sufre las tribulaciones vinculadas a la ignominia, que las honrosas. Ser despreciado, reprendido y acusado por los malos, no es sino dulzura para un hombre de carácter; pero ser reprendido, acusado y maltratado por las personas de bien, por los amigos, por los padres, he aquí donde está el mérito. Es más digna de estima la mansedumbre con que San Carlos Borromeo soportó, durante mucho tiempo, las públicas reprensiones que un gran pecador, de una Orden extremadamente reformada, lanzaba contra él desde los púlpitos, que la paciencia con que toleró los ataques de todos los demás. Porque, así como las picaduras de abejas escuecen más que las de las moscas, así el daño que recibimos de las personas buenas y la contradicción de que éstas nos hacen objeto, son más insoportables que las de los demás, y ocurre, con frecuencia, que dos hombres de bien, llenos de buena intención, con motivo de diversidad de opiniones, se causan mutuamente grandes contradicciones y persecuciones.

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