Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 3

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA PACIENCIA

Tramo 5 de 6

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Muchos, cuando están enfermos, o cuando han sido afligidos o agraviados por alguien, se guardan mucho de quejarse y de mostrarse resentidos, porque les parece (y es cierto) que esto denota evidentemente una gran falta de energía y de generosidad; pero desean, en gran manera, y buscan, con mil rodeos, que todos les compadezcan, que tengan mucha lástima de ellos y que se les considere, no solamente afligidos, sino también pacientes y animosos.

Claro está que esto es paciencia, pero es una paciencia falsa, la cual bien considerada, no es más que una muy delicada y muy fina ambición y vanidad: «Estos tienen gloria -dice el Apóstol---, pero no delante de Dios». El verdadero paciente no se queja del mal, ni desea que le compadezcan; habla de él con ingenuidad, verdad y sencillez, sin lamentarse, sin quejarse, sin exagerar, y, si le compadecen, lo tolera pacientemente, a no ser que le compadezcan de un mal que no tiene; porque, entonces, declara modesta-rente que no padece mal, y, si lo tiene, permanece con aire tranquilo entre la verdad y la paciencia, reconociéndolo, pero sin quejarse.

En las contradicciones que sobrevendrán en el ejercicio de la devoción (porque no faltarán), acuérdate de las palabras de Nuestro Señor: «La mujer, cuando está de parto padece grandes angustias; pero, al ver a su hijo nacido, las olvida, porque ha dado un hombre al mundo>. Tú has concebido en tu alma al más digno hijo del mundo, que es Jesucristo.

Antes de que se forme del todo, forzosamente sentirás angustias: pero ten valor, porque, una vez pasados estos sufrimientos, te -quedará el gozo eterno de haber dado a luz un tal hombre; Él permanecerá enteramente formado en tu corazón y en tus obras por la imitación de su vida.

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