Parte 3 · Capítulo 8
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA AMABILIDAD PARA CON EL PRÓJIMO Y DE LOS REMEDIOS CONTRA LA IRA
Tramo 5 de 6
Después de este suave esfuerzo, practica el consejo que San Agustín, cuando ya era viejo, daba al joven obispo Auxilio: «Haz, le decía, lo que un hombre ha de hacer; que si te ocurre lo que el hombre de Dios dice en el salmo: mi ojo he ha turbado con gran cólera, acudas a Dios y exclames: ¡Señor, ten misericordia de mí, para que extienda su mano y reprima tu enojo». Quiero decir que cuando nos veamos agitados por la cólera, invoquemos el auxilio de Dios, a imitación, de los Apóstoles cuando se vieron en peligro de zozobrar, por el viento y la tempestad, en medio de las olas; pues Él mandará a nuestras pasiones que se calmen, y se seguirá una gran bonanza. Pero te advierto que la oración que se hace contra la ira impetuosa del momento, ha de ser suave y tranquila, jamás violenta; cosa que es menester observar en cualesquiera remedios que se empleen contra este mal. Después, enseguida que te des cuenta de que has cometido un acto de cólera, repara la falta con un acto de dulzura, hecho inmediatamente con respecto a aquella persona contra la cual te hayas irritado. Porque, así como es un excelente remedio contra la mentira, retractarse enseguida, así también es un buen remedio contra la cólera repararla inmediatamente, con un acto de amabilidad; porque, como suele decirse, las heridas se curan con más facilidad cuando están frescas.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.