Parte 3 · Capítulo 11
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA OBEDIENCIA
Tramo 2 de 4
hay dos clases de obediencia: una obligatoria, y otra voluntaria. En cuanto a la obligatoria, es necesario que obedezcas humildemente a tus superiores eclesiásticos, como al Papa, a los obispos, al párroco y a todos los que de ellos tienen autoridad delegada; has de obedecer también a tus superiores políticos, es decir: a tu príncipe o gobierno y a los magistrados que hayan designado para tu región; finalmente, has de obedecer a tus superiores domésticos, es decir: a tu padre, a tu madre, a tu maestro, a tu maestra. Ahora bien, esta obediencia se llama necesaria, porque nadie puede eximirse del deber de obedecer a dichos superiores, investidos por Dios de autoridad, para mandar y gobernar a cada uno, según el cargo que tienen sobre nosotros. Cumple, pues, sus mandatos, porque esto es necesariamente obligatorio, y, para ser perfecta, sigue también sus consejos y aun sus deseos e inclinaciones, mientras la caridad y la prudencia te lo permitan. Obedece, cuando te mandan alguna cosa agradable, como comer, tener recreación, porque, aunque te parezca que no hay gran virtud en estos casos, sin embargo, sería vicioso desobedecer; obedece en las cosas indiferentes, como en llevar éste o aquél vestido, ir a éste o aquél camino, en cantar o callar, y ésta será ya una obediencia muy recomendable; obedece en cosas difíciles, ásperas y duras, y esto será una obediencia perfecta. Finalmente, obedece con dulzura, sin réplica, pronto y sin dilación, con alegría y sin malhumor; y, sobre todo, obedece amorosamente, por amor a Aquel que, por nuestro amor, «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz», y el cual, como dice San Bernardo, prefirió perder la vida que la obediencia.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.