Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 11

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA OBEDIENCIA

Tramo 3 de 4

Letra pequeñaMedianaGrande

Para aprender a obedecer con facilidad a tus superiores, condesciende de buen grado con tus iguales, cediendo a su parecer en lo que no sea malo, sin ser disputadora ni terca; acomódate suavemente a los deseos de tus inferiores, tanto cuanto la razón te lo permita, sin ejercer sobre ellos tu autoridad de una manera imperiosa, siempre que sean buenos.

Es una equivocación creer que si una persona fuese religiosa obedecería fácilmente, cuando es difícil y rebelde en prestar obediencia a los que Dios ha puesto sobre nosotros.

Llamamos obediencia voluntaria a aquella a la cual nos obligamos por nuestra propia elección y que por nadie nos ha sido impuesta. Nadie escoge voluntariamente a su príncipe o a su obispo, a su padre o a su madre, y, con frecuencia, tampoco al esposo, pero es de libre elección el confesor, el director. Pues bien, tanto si, al escogerlo, se hace voto de obedecerle (como se cuenta de Santa Teresa, la cual, además del voto solemne de obediencia debido al superior de su orden, se obligó, con voto simple, a obedecer al padre Gracián, como si se le obedece sin voto, siempre esta obediencia se llama voluntaria, por razón de su fundamento, que depende de nuestra voluntad y elección.

Es menester obedecer a todos los superiores, pero a cada uno en aquello de lo cual tiene cargo sobre nosotros; de la misma manera que, en lo que concierne a la policía y a las cosas públicas, hay que obedecer a los príncipes; a los prelados, en todo lo que se refiere a la disciplina eclesiástica; en las cosas domésticas, al padre, a la madre, al marido; en el gobierno particular del alma, al director y al confesor particular.

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