Parte 3 · Capítulo 14
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA POBREZA DE ESPÍRITU PRACTICADA EN MEDIO DE LAS RIQUEZAS
Tramo 3 de 4
¡ Filotea ! No sé si es un deseo justo el desear poseer justamente lo que otros justamente poseen; pues parece que, con este deseo, lo que quisiéramos sería acomodarnos mediante la incomodidad del prójimo. Cuando alguno posee un bien justamente, ¿no es más justo que él lo guarde justamente, que desear nosotros poseerlo aunque sea con justicia? ¿Por qué, pues, hacemos recaer nuestros deseos sobre el bien de los demás, para privarles de él?
Ciertamente, aunque fuese justo este deseo, no sería caritativo, porque nosotros no quisiéramos que nadie desease, aunque fuese justamente, lo que justamente queremos conservar. Tal fue el pecado de Acab, el cual quiso poseer, sin injusticia, la viña de Nabot, quien, más justamente todavía, deseaba conservarla; la deseó con ardor, durante mucho tiempo, y con afán, con lo cual ofendió a Dios.
Antes de desear los bienes del prójimo, amada Filotea, aguarda que comience a querer desprenderse de ellos, pues entonces su deseo hará que el tuyo no sólo sea justo, sino también conforme a la caridad. Y digo esto, porque deseo que te preocupes de acrecentar tus bienes y caudales, con tal que lo hagas, no sólo según justicia, sino también con dulzura y caridad.
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