Parte 3 · Capítulo 15
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
CÓMO HA DE PRACTICAR LA POBREZA REAL EL QUE ES RICO DE HECHO
Tramo 2 de 5
Pero procura que el amor propio no te engañe, porque, a veces, de tal manera remeda el amor de Dios, que se corre el riesgo de creer que ambos son una misma cosa. Ahora bien, para impedir que te engañe y que este cuidado de los bienes temporales degenere en avaricia, además de lo que te he dicho en el capítulo precedente, es menester practicar con mucha frecuencia la pobreza real y efectiva, en medio de todos los bienes y riquezas que Dios nos haya dado.
Despréndete siempre de alguna parte de tus haberes, dándolos de corazón a los pobres; porque dar de lo que se posee es empobrecerse algún tanto, y, cuanto más des, más pobre serás. Es cierto que Dios te lo devolverá, no sólo en el otro mundo, sino también en éste, porque nada ayuda tanto a prosperar como la limosna; siempre serás pobre de ello. ¡ Oh!
¡Santa y rica pobreza la que nace de la limosna!
Ama a los pobres y a la pobreza, porque, mediante este amor, llegarás a ser verdaderamente pobre, porque, como dice la Escritura, nosotros nos volvemos como las cosas que amamos.
El amor hace iguales a los amantes. ¿Quién es débil -dice San Pablo-, que yo no lo sea con él?» Y hubiera podido decir: «¿Quién es pobre, que yo no lo sea con él?» porque el amor le hacía ser como aquellos a quienes amaba. Si, pues, amas a los pobres, serás verdaderamente amante de su pobreza, y pobre como ellos. Ahora bien, si amas a los pobres, has de andar con frecuencia entre ellos; complácete en hablarles; no te desdeñes de que se acerquen a ti en las iglesias, en las calles y en todas partes. Seas con ellos pobre de palabra, hablándoles como una amiga, pero seas rica de manos, dándoles de tus bienes, ya que eres poseedora de riquezas.
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