Parte 3 · Capítulo 16
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
MANERA DE PRACTICAR LA POBREZA DE ESPÍRITU EN MEDIO DE LA POBREZA REAL
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La segunda ventaja de esta pobreza es el ser una pobreza verdaderamente pobre. Una pobreza alabada, halagada, socorrida y ayudada, participa de la riqueza; a lo menos no es enteramente pobre; pero una pobreza despreciada, rechazada, vilipendiada y abandonada, es pobre de verdad. Ahora bien, tal suele ser ordinariamente la pobreza de los seglares, porque, puesto que no son pobres por propia elección, sino por necesidad, no se hace gran caso de ella; y, porque se hace poco caso, su pobreza es más pobre que la de los religiosos, aunque ésta tenga, bajo otro concepto, una muy grande excelencia y sea mucho más recomendable, por razón del voto y de la intención por la cual ha sido escogida.
No te quejes, pues, amada Filotea, de tu pobreza, porque sólo nos quejamos de lo que nos desagrada, y si te desagrada la pobreza, no eres pobre de espíritu, sino rica de afecto.
No te desconsueles si no te ves socorrida cual convendría, pues precisamente en esto consiste la excelencia de la pobreza. Querer ser pobre sin ninguna incomodidad, supone una ambición muy grande, porque esto es querer el honor de la pobreza y la comodidad de las riquezas.
No te avergüences de ser pobre ni de pedir limosna por caridad; recibe la que te den, con humildad, y acepta, con dulzura, las repulsas. Acuérdate con frecuencia del viaje de la Santísima Virgen a Egipto, llevando allí a su querido Hijo y de los muchos desprecios, pobreza y miseria que hubo de soportar. Si vives como ella, serás muy rica en medio de tu pobreza.
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