Parte 3 · Capítulo 17
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA AMISTAD Y, EN PRIMER LUGAR, DE LA QUE ES MALA Y FRÍVOLA
Tramo 2 de 2
La comunicación de los placeres carnales es una mutua inclinación y un cebo brutal, que no merece el nombre de amistad entre los hombres, más de lo que merece entre los jumentos y caballos.
La amistad fundada en la comunicación de los placeres sensuales es grosera e indigna del nombre de amistad, como lo es también la que se funda en virtudes frívolas y vanas, porque estas virtudes dependen también de los sentidos. Llamo placeres sensuales a los que se refieren inmediata y principalmente a los sentidos externos, como el placer de contemplar la belleza, de oír una dulce voz, de tocar, y otros semejantes. Entiendo por virtudes frívolas ciertas habilidades y cualidades vanas, que los espíritus débiles llaman virtudes y perfecciones. Si oyes hablar a la mayor parte de las doncellas, de las mujeres y de los jóvenes, advertirás que no se recatan de decir: aquel joven es muy virtuoso, posee muchas perfecciones porque baila bien, juega bien a toda clase de juegos, viste bien, es galante, tiene hermosas facciones, y los charlatanes tienen por más virtuosos a los que son más chistosos. Ahora bien, como que todo esto sólo mira a los sentidos, también las amistades que de aquí nacen se llaman sensuales, vanas y frívolas, y más merecen el nombre de vanidad que el de amistad. Tales son ordinariamente las amistades de la gente moza, que se enamora de unos bigotes, de unos cabellos, de unas miradas, de un vestido, del porte, de la verbosidad: amistades propias de la edad de los enamorados, cuya virtud está en ciernes y cuyo juicio está en capullo. Por lo mismo, estas amistades no son más que pasajeras, y se derriten, como la nieve al sol.
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