Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 18

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

LOS AMORÍOS

Tramo 2 de 5

Letra pequeñaMedianaGrande

Unos no intentan otra cosa que satisfacer a su corazón, dando y recibiendo amor, guiados en esto por su inclinación amorosa, y éstos cuando escogen sus amores, sólo tienen en cuenta si son o no de su agrado y según sus instintos, de manera que, al encontrarse con una persona que les place, sin examinar el interior y el comportamiento de la misma, dan comienzo a este cambio de amoríos, y se enredan en la miserable red de la cual a duras penas podrán salir. Otros obran movidos por la vanidad, pues creen que es una cosa muy gloriosa cautivar y ligar los corazones con el amor; y éstos, como que andan en pos de la gloria, ponen sus trampas y tienden sus redes en lugares de relumbrón, distinguidos, raros e ilustres. A otros les guía la inclinación amorosa y, a la vez, la vanidad, pues, aunque su corazón se inclina al amor, no se entregan a éste si, al mismo tiempo, no pueden lograr alguna ventaja gloriosa.

Tales amistades son todas malas, locas y vanas: malas, porque conducen y acaban, al fin, en el pecado de la carne, y roban el amor y, por consiguiente, el corazón, a Dios, a la esposa y al marido, a los cuales se deben; locas, porque carecen de fundamento y de motivo; vanas porque no producen ningún provecho, ni honor ni contento. Al contrario, malbaratan el tiempo, son un estorbo para el honor, y no dan otro placer que el de un desazonado querer y esperar, sin saber lo que se pretende ni lo que se quiere. Porque a estos desdichados y débiles espíritus les parece que siempre hay un no sé qué envidiable en las manifestaciones de amor que se les hacen, y no saben precisar en qué consiste; y, así, su deseo nunca se ve saciado, sino que siempre anda en desasosiego su corazón, con perpetuas desconfianzas, celos e inquietudes.

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