Parte 3 · Capítulo 19
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA VERDADERA AMISTAD
Tramo 1 de 4
¡ Oh, Filotea!, ama a todo el mundo con amor de caridad, pero no tengas amistad sino con aquellos que pueden comunicar contigo cosas virtuosas; y cuanto más exquisitas sean las virtudes, más perfecta será la amistad. Si la comunicación tiene por objeto las ciencias, tu amistad es, ciertamente, muy loable; y lo es todavía más, si la comunicación se refiere a las virtudes de la prudencia, discreción, fortaleza y justicia. Pero, si vuestra mutua y recíproca comunicación es acerca de la caridad, de la devoción, de la perfección cristiana, ¡oh Dios mío!, qué preciosa será esta amistad. Será excelente, porque vendrá de Dios; excelente, porque tenderá a Dios; excelente, porque durará eternamente en Dios. ¡Qué bueno es amar en la tierra como se ama en el cielo y aprender a amarse los unos a los otros, en este mundo, de la misma manera que nos amaremos eternamente en el otro!
No hablo ahora del simple amor de caridad, porque esta virtud hemos de tenerla con respecto a todos los hombres; sino que hablo de la amistad espiritual, por la que dos, o tres o más almas se comunican su devoción, sus afectos espirituales, y forman como un solo espíritu. Con cuánta razón pueden cantar estas bienaventuradas almas: « i Oh, cuán bueno y agradable es el que los hermanos vivan unidos!» Sí, porque el bálsamo delicioso de la devoción destila de un corazón a otro por una continua participación, de suerte que se puede afirmar que Dios hace mover-sobre esta amistad su bendición y la vida por los siglos de los siglos.
Me parece que todas las demás amistades no son sino sombras, en comparación de aquélla, y que sus lazos no son más que cadenas de vidrio, en comparación con este gran vínculo de la santa devoción, todo él de oro.
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