Parte 3 · Capítulo 21
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
ADVERTENCIA Y REMEDIOS CONTRA LAS MALAS AMISTADES
Tramo 3 de 4
«Sí, ciertamente, pero yo no soy el mismo»; la ausencia había producido, en él, esta mudanza. Y San Agustín afirma que, para calmar el dolor que sintió a la muerte de su amigo, salió de Tagaste, donde éste había muerto, y se fue a Cartago.
Mas ¿qué ha de hacer el que no puede ausentarse? Es menester que rompa absolutamente con toda conversación particular, con todo trato secreto, con las miradas dulces, con las sonrisas y, en general, con toda clase de comunicación y cebo que puedan alimentar este fuego maloliente y humeante; o, en último extremo, si es imprescindible hablar con el cómplice, que sea para declarar, con una atrevida, breve y severa protesta, el eterno divorcio que se ha jurado. A todos los que han caído en estas redes les digo a veces:
«Cortad, rasgad, romped»; no es caso de entretenerse en descoser estas locas amistades, es menester rasgarlas; no es caso de deshacer los nudos, es menester romperlos o cortarlos; por otra parte, se trata de unas cuerdas y ataduras que no tienen valor alguno. No se ha de remendar un amor que es tan contrario al amor de Dios.
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