Parte 3 · Capítulo 21
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
ADVERTENCIA Y REMEDIOS CONTRA LAS MALAS AMISTADES
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Mas ¿qué remedios hay contra la peste y podredumbre de locos amores, necedades e impurezas? Enseguida que sientas sus primeros síntomas, vuélvete del otro lado, y, con una absoluta detestación de estas vanidades, corre a la cruz del Salvador y toma su corona de espinas, para cercar con ella tu corazón, a fin de que estas pequeñas zorras no se le acerquen. Guárdate bien de dar beligerancia a este enemigo; no digas: «le escucharé, pero nada haré de cuanto me diga; le escucharé, pero le negaré el corazón». ¡Ah Filotea!, por Dios, sé muy rigurosa en tales ocasiones; el corazón y el oído se complacen mutuamente, y, así como es imposible detener un torrente que ha empezado a precipitarse por la vertiente de una montaña, así también es difícil impedir que el amor que se ha deslizado por el oído, no penetre en el corazón. Según Alemeón, las cabras respiran por el oído; Aristóteles lo niega, y yo no sé lo que en ello hay de verdad; pero una cosa sé, y es que nuestro corazón alienta por los oídos, y que, así como aspira y exhala sus pensamientos por la lengua, así también respira por los oídos, por los cuales recibe los pensamientos de los demás.
Guardemos, pues, con mucho cuidado, nuestros oídos del aire de las palabras necias; porque, de lo contrario, nuestro corazón quedará, con frecuencia, apestado. No escuches ninguna clase de proposiciones, sea cual sea el pretexto con que te sean hechas; solamente en este caso, no hay peligro de que seas descortés y huraña.
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