Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 23

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LOS EJERCICIOS DE LA MORTIFICACIÓN EXTERIOR

Tramo 2 de 8

Letra pequeñaMedianaGrande

«Vivo yo, mas no soy yo quien vivo, sino que Jesucristo vive en mí». En una palabra: el que ha ganado el corazón del hombre ha ganado a todo el hombre. Pero este mismo corazón, por el cual queremos comenzar, requiere que se le instruya acerca de cómo ha de regular su manera de conducirse y su porte exterior, a fin de que, no sólo se vea en él la santa devoción, sino también una gran prudencia y discreción. Con este fin, voy a hacerte algunas advertencias.

Si puedes soportar el ayuno, harás bien en ayunar algunos días, además de los prescritos por la Iglesia; porque, aparte del efecto ordinario del ayuno, que es elevar el espíritu, refrenar la carne, practicar la virtud y alcanzar una mayor recompensa en el cielo, es un gran bien conservar el propio dominio sobre la glotonería, y tener el instinto sexual y el cuerpo sujetos a la ley del espíritu, y, aunque no sean muchos los ayunos, no obstante el enemigo nos teme más cuando conoce que sabemos ayunar. Los miércoles, viernes y sábados son los días en los cuales los antiguos cristianos más se ejercitaban en la abstinencia; escoge, pues, algunos de estos días para ayunar, según te lo aconsejen tu devoción y la discreción de tu director.

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