Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 23

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LOS EJERCICIOS DE LA MORTIFICACIÓN EXTERIOR

Tramo 5 de 8

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todo esto delata un corazón goloso y demasiado atento a los platos y a los manjares. Más dice en favor de San Bernardo que bebiese, sin darse cuenta, aceite en lugar de agua o vino, que si, a sabiendas, hubiese bebido agua de ajenjos; porque era señal de que no pensaba en lo que bebía. Y, en este descuido de lo que se ha de comer o beber, consiste la práctica perfecta de esta sagrada advertencia: «Comed lo que os pongan delante>. No obstante, exceptúo los manjares que perjudican a la salud o que ponen enfermizo al espíritu, como son, para muchos, los manjares calientes o picantes, alcohólicos o flatulentos, y exceptúo también algunas ocasiones en las cuales la naturaleza necesita ser recreada o alentada, para poder soportar algún trabajo para la gloria de Dios.

Una constante y moderada sobriedad vale más que las abstinencias violentas, hechas de tarde en tarde y con treguas de gran relajación.

La disciplina posee una virtud maravillosa para despertar el deseo de la devoción, si se toma de una manera moderada. El cilicio refrena poderosamente el cuerpo, pero su uso no es indicado para los casados ni para las complexiones delicadas, ni para los que han de soportar grandes calamidades. Es verdad que, en los días más indicados para la penitencia, se puede hacer uso de él, pero siempre con el consejo de un confesor discreto.

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