Parte 3 · Capítulo 24
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LAS CONVERSACIONES Y DE LA SOLEDAD
Tramo 1 de 4
En la devoción de los seglares, de la cual vamos tratando, el buscar las conversaciones y el huir de ellas son dos extremos censurables. El rehuirlas implica desdén y menosprecio del prójimo, y el buscarlas es cosa que se resiente de ociosidad e inutilidad. Hemos de amar al prójimo como a nosotros mismos: para demostrar que le amamos, es menester no huir de su compañía, y, para probar que nos amamos a nosotros mismos, hemos de permanecer con nosotros, cuando con nosotros nos encontremos. Ahora bien, estamos con nosotros, cuando estamos solos. «Piensa en ti, dice San Bernardo, y después en los demás». Y así, si nada te impele a hacer una visita o a recibirla en tu casa, quédate sola contigo misma y conversa con tu corazón; pero, si viene a ti alguna visita o algún motivo justificado te convida a hacerla, hazla en nombre de Dios, Filotea; trata con el prójimo de buen grado y ponle buena cara.
Llamamos malas conversaciones a las que se tienen con mala intención, o bien, cuando los que toman parte en ellas son viciosos, indiscretos y disolutos; y de éstos hay que huir, como las abejas huyen de los enjambres de tábanos o abejorros. Porque, así como los que han sido mordidos por perros rabiosos, tienen el sudor, la saliva y el aliento peligrosos, sobre todo para los niños y para las personas de complexión débil, de la misma manera, nadie puede tratar con estos viciosos e incontinentes sin riesgo y peligro, sobre todo cuando se tiene una devoción todavía tierna y delicada.
Hay conversaciones que sólo sirven para recreación, las cuales se tienen únicamente para distraerse de las ocupaciones serias; en cuanto a éstas, así como, por una parte, no es menester entregarse a ellas, así también, por otra, se les puede conceder el ocio destinado a la recreación.
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