Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 25

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA DECENCIA EN LOS VESTIDOS

Tramo 3 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

Seas correcta, Filotea; que no haya en ti dejadez ni desaliño: sería despreciar a aquellos con los cuales convives, presentarte delante de ellos con vestidos ofensivos; pero guárdate de la afectación, de las vanidades, curiosidades y frivolidades. En cuanto te sea posible, inclínate siempre del lado de la sencillez y de la modestia, que, sin duda, es el mejor adorno de la belleza y lo que mejor encubre la fealdad. San Pedro avisa, de un modo particular, a las doncellas que no lleven los cabellos encrespados, rizados y ondulados. Los hombres que son tan débiles de complacerse en estas frivolidades, son llamados, en todas partes, hermafroditas, y las mujeres que se envanecen por ello, son tenidas por ligeras en la castidad; si la guardan, a lo menos no se echa de ver, en medio de tantas trivialidades y bagatelas. Dicen que lo hacen sin pensar mal, mas yo digo que el demonio siempre piensa mal. Quisiera que mi devoto o mi devota anduviesen siempre mejor vestidos, pero que, a la vez, fuesen los menos pomposos y afectados, y como dice el proverbio, estuviesen adornados de gracia, de modestia y dignidad. Dice brevemente San Luis que cada uno ha de vestir según su estado, de manera que los discretos y buenos no puedan decir: «Es demasiado», ni los jóvenes: «Es demasiado poco». Y, si los jóvenes no quieren contentarse con la decencia, hay que inclinarse al parecer de los prudentes.

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