Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 25

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA DECENCIA EN LOS VESTIDOS

Tramo 2 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

Ordinariamente, acostumbrados a vestir mejor los días festivos, según la importancia de la solemnidad que se celebra; en tiempo de penitencia, como en Cuaresma, se viste con más sencillez; en las bodas se llevan trajes nupciales, y en los actos fúnebres se emplean ropas de luto; delante de los príncipes es menester un mayor realce, el cual disminuye entre los propios familiares. La mujer casada puede y debe adornarse delante de su marido; si hace lo mismo cuando está lejos de él, entonces cabe preguntar a qué ojos quiere complacer con este cuidado singular. A las doncellas se les permite un mayor acicalamiento, porque pueden lícitamente pretender agradar a muchos, aunque no sea más que para conquistar uno solo, para el santo matrimonio. Tampoco es reprobable que las viudas que quieren casarse de nuevo se adornen discretamente, con tal que no se muestren frívolas, pues habiendo sido ya madres de familia y habiendo pasado por las tristezas de la viudez, se considera que su espíritu es más maduro y sensato. Mas, en cuanto a las verdaderas viudas que lo son no sólo de cuerpo sino también de corazón, ningún adorno es más adecuado que la humildad, la modestia y la devoción, pues, si quieren dar amor a los hombres, no son verdaderas viudas, y, si no se lo quieren dar, ¿a qué tantos atavíos? El que no desea huéspedes, ha de sacar el rótulo de su casa. Nos reímos siempre de los viejos cuando quieren presumir, y ¿por qué?

Por que esto es una necedad, únicamente tolerable en la juventud.

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