Parte 3 · Capítulo 30
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
ALGUNOS OTROS AVISOS ACERCA DEL HABLAR
Tramo 3 de 3
Es una advertencia del rey San Luis, que a nadie se contradiga, fuera del caso en que el consentir sea pecado o acarree un gran mal, con el fin de evitar disputas y discordias. Ahora bien, cuando conviene contradecir a alguno y oponer la propia opinión a la de otro, es menester emplear mucha dulzura y flexibilidad, y no querer violentar el ánimo del contrario, pues nada se gana tomando las cosas con aspereza. El hablar poco, tan recomendado por los sabios antiguos, no significa que se hayan de decir pocas palabras, sino que no hay que decir muchas inútiles; porque, en cuanto al hablar, no se mira la cantidad, sino la calidad. Y me parece que se han de evitar los dos extremos, ya que el querer sentar plaza de sabio y de severo, negándose, al efecto a tomar parte en los pasatiempos familiares, como son las conversaciones, parece que arguye falta de confianza o desdén; como el hablar y el bromear continuamente, sin dar a los demás tiempo y oportunidad de hablar cuando quieren, es propio de personas livianas y ligeras.
A San Luis no le parecía bien que, en presencia de los demás, se hablase secretamente y con misterio, particularmente en la mesa, para no dar motivo de sospecha de que se hablaba mal de alguno. «Aquel -decía--que está en la mesa con buena compañía, y quiere decir alguna cosa jocosa y divertida, debe decirla de manera que la oiga todo el mundo, si es cosa de importancia, debe callarla, sin hablar de ella».
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