Parte 3 · Capítulo 32
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS JUEGOS PROHIBIDOS
Tramo 2 de 2
Esta alegría es, en verdad, infame. Por estos tres motivos están prohibidos estos juegos. El gran rey San Luis, al enterarse de que su hermano el conde de Anjou y Don Gautier de Nemours estaban jugando, se levantó de la cama a pesar de que estaba enfermo, y, con paso vacilante, se dirigió a su estancia, y cogió las mesas, los dados y parte del dinero, y lo arrojó al mar por la ventana mostrándose muy enojado. La santa y casta doncella Sara, hablando a Dios de su inocencia, le dijo: «Tú sabes, ¡oh Señor!, que nunca he tenido trato con jugadores».
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