Parte 3 · Capítulo 37
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
LOS DESEOS
Tramo 1 de 3
Todos saben que se han de guardar de los deseos de cosas viciosas, porque el deseo del mal nos hace malos. Pero digo irás, Filotea: no desees en manera alguna las cosas peligrosas para el alma, como los bailes, los juegos y ciertos pasatiempos; ni los honores y cargos, ni las visiones y éxtasis, porque hay mucho peligro, vanidad y engaño. No desees las cosas demasiado lejanas, es decir, las que no pueden conseguirse sino después de mucho tiempo, cosa en que caen muchos, los cuales, con este proceder, cansan y disipan inútilmente sus corazones y se ponen en peligro de grandes inquietudes. Si un joven desea mucho obtener un cargo antes de tener la edad para ello, ¿de qué le sirve este deseo? Si una mujer casada desea ser religiosa, ¿a qué propósito viene esto? Si deseo comprar la finca de mi vecino antes de que él desee venderla, ¿no pierdo el tiempo con este deseo? Si, cuando estoy enfermo, deseo predicar, celebrar la santa Misa, visitar a los enfermos y hacer otras cosas propias de los que gozan de salud, ¿no son estos deseos inútiles, pues no está en mi mano el realizarlos? Entretanto, estos deseos inútiles ocupan el lugar de otros que debería tener: de ser paciente, resignado, mortificado, obediente, amable, en medio de mis sufrimientos, que es lo que Dios quiere que practique. Pero nosotros deseamos cerezas frescas en otoño y racimos maduros en primavera.
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