Parte 3 · Capítulo 38
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
AVISO A LAS PERSONAS CASADAS
Tramo 3 de 11
El segundo efecto de este amor es la fidelidad inviolable y mutua. Antiguamente los sellos estaban grabados en los anillos que se llevaban en los dedos, como lo da a entender la misma Sagrada Escritura; he aquí, pues, el secreto de la ceremonia que se hace en el sacramento; la Iglesia, por mano del sacerdote, bendice el anillo, y al darlo primeramente al hombre, significa que se sella y cierra su corazón por este sacramento, para que jamás ni el nombre ni el amor de otra mujer alguna pueda entrar en él, mientras viva la que le ha sido dada; después el esposo pone el anillo en la mano de la esposa, para que, a su vez, sepa que nunca su corazón ha de sentir afecto a ningún otro hombre, mientras viva sobre la tierra el que Nuestro Señor acaba de darle.
El tercer fruto del matrimonio es la procreación y crianza de los hijos. Es un gran honor para vosotros los casados, el que Dios, al querer multiplicar las almas que puedan bendecirle y alabarle eternamente, os haga cooperadores de una labor tan digna, mediante la producción de los cuerpos, sobre los cuales, como gotas celestiales, hace llover las almas, creándolas, como las crea, al infundirlas en aquellos.
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