Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 38

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

AVISO A LAS PERSONAS CASADAS

Tramo 4 de 11

Letra pequeñaMedianaGrande

Conservad, pues, esposos, un tierno, constante y cordial amor a vuestras esposas. Por esto la mujer fue sacada del costado más cercano al corazón del primer hombre, para que fuese de él tierna y cordialmente amada. Las debilidades y las fallas, ya corporales ya espirituales de vuestras esposas, no han de provocar en vosotros ninguna clase de desdén, sino más bien una dulce y amorosa compasión, pues Dios las ha creado así, para que, dependiendo de vosotros, recibáis de ellas más honor y respeto, y las tengáis por compañeras, siendo, empero, vosotros, los jefes y los superiores. Y vosotras, esposas, amad, tierna y cordialmente, pero con un amor respetuoso y lleno de reverencia, a los maridos que Dios os ha dado, ya que, para esto, los ha hecho Dios de un sexo más vigoroso y dominador, y ha querido que la mujer sea como algo que procede del hombre, un hueso de sus huesos, carne de su carne, y formada de una de sus costillas, sacada de debajo de su brazo, para significar que ha de estar bajo la mano y guía de su marido. En toda la Sagrada Escritura se recomienda, con mucho encarecimiento, esta sujeción, la cual, empero, la misma Escritura hace suave, pues no sólo quiere que os sometáis con amor, sino que manda a vuestros maridos que ejerzan su autoridad con suavidad, afecto y ternura: «Maridos -dice San Pedro, portaos discretamente con vuestras esposas, como un vaso más frágil, rindiéndoles honor».

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