Parte 3 · Capítulo 38
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
AVISO A LAS PERSONAS CASADAS
Tramo 10 de 11
Hebreos, rogó en presencia de ella, pues mientras el uno oraba a un lado del oratorio, el otro lo hacía al lado opuesto; de esta manera, la oración del marido, hecha en esta forma, fue escuchada. La más grande y la más provechosa unión del marido y de la mujer es la que estriba en la devoción, a la cual se han de excitar mutuamente y a porfía. Frutos hay, como el membrillo, que, a causa de la aspereza de su jugo, sólo son buenos confitados; hay otros que, por ser muy tiernos y delicados, tampoco pueden durar, si no se les confita: tales son las cerezas y los albaricoques. De la misma manera, las esposas han de desear que sus maridos estén confitados con el azúcar de la devoción, porque el hombre sin devoción es un animal severo, áspero y rudo; y los maridos han de desear que sus esposas sean devotas, porque la mujer sin devoción es muy frágil, y está expuesta a decaer o a mancillarse en su virtud. Dice San Pablo que «el hombre infiel es santificado por la esposa fiel, y que la esposa infiel es santificada por el esposo fiel», como sea que, en esta estrecha alianza del matrimonio, puede una de las partes atraer fácilmente a la otra a la virtud. Mas, ¡qué bendición, cuando el hombre y la mujer fieles se santifican mutuamente en un verdadero temor del Señor!
Por lo demás, la mutua condescendencia ha de ser tan grande, que jamás se enojen ambos a la vez, para que no asome entre ellos la disensión y la discordia. Las abejas no pueden permanecer allí donde se producen ecos, resonancias y retumbos de voces, ni el Espíritu Santo en una casa donde haya disputas, réplicas, gritos y altercados.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.