Parte 3 · Capítulo 38
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
AVISO A LAS PERSONAS CASADAS
Tramo 7 de 11
El amor y la fidelidad hermanados producen siempre la intimidad y la confianza; por esta causa los santos y las santas han empleado muchas caricias en el matrimonio, caricias verdaderamente afectuosas pero castas, tiernas pero sinceras. Así Isaac y Rebeca, la pareja más casta entre los casados del tiempo antiguo, fueron vistos, desde una ventana, mientras se acariciaban de tal manera que, a pesar de que no mediaba entre ambos cosa alguna deshonesta, entendió muy bien Abimelec que no podían ser sino marido y mujer. El gran San Luis, tan austero en su carne como tierno en el amar a su esposa, fue casi recriminado por ser pródigo en sus caricias, aunque, en realidad, merecía ser alabado, pues sabía dejar de un lado su espíritu marcial y valiente, por estas pequeñeces, exigidas por la conservación del amor conyugal; ya que, por más que estas pequeñas demostraciones de pura y franca amistad no atan los corazones, no obstante los acercan y los disponen a la mutua convivencia.
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