Parte 4 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
QUE NO HAY QUE HACER CASO DE LAS PALABRAS DE LOS HIJOS DEL MUNDO
Tramo 4 de 4
Dejemos a este ciego, Filotea, que grite cuanto quiera, como la lechuza para inquietar a las aves diurnas. Seamos firmes en nuestros propósitos, invariables en nuestras resoluciones; la perseverancia nos dará a conocer si, de verdad y enteramente, nos hemos ofrecido a Dios y hemos entrado en la vida devota. En apariencia, los cometas y los planetas son casi igualmente luminosos, pero los cometas, por ser tan sólo unos fuegos pasajeros, desaparecen al poco tiempo, mas los planetas poseen una claridad perpetua. De la misma manera, la hipocresía y la verdadera virtud tienen mucha semejanza externa, pero fácilmente se distingue la una de la otra, porque la hipocresía no tiene duración y se disipa como el humo por el aire, pero la verdadera virtud siempre es firme y constante. No es pequeña ventaja, para asegurar bien los comienzos de la devoción, padecer, por su causa, oprobios y calumnias, porque, por este medio, evitamos el peligro de la vanidad y del orgullo, que son como las comadres de Egipto, a las cuales el Faraón infernal ha ordenado que maten a los hijos varones de Israel el mismo día de su nacimiento. Nosotros estamos crucificados al mundo, y el mundo ha de estar crucificado para nosotros; nos tiene por locos; tengámosle por insensato.
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