Parte 4 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
QUE NO HAY QUE HACER CASO DE LAS PALABRAS DE LOS HIJOS DEL MUNDO
Tramo 2 de 4
Filotea, todo lo dicho no es más que un hablar necio y vano; estas personas no tienen interés ni por tu salvación ni por tus negocios. «Si fueseis del mundo -dice el Salvador- el mundo amaría lo que es suyo; mas, porque vosotros no sois del mundo, por esto os aborrece.» Hemos visto a caballeros y señoras pasar toda la noche, y noches seguidas, jugando al ajedrez y a los naipes. ¿Existe alguna clase de atención más expuesta al malhumor y a la melancolía y más sombría que aquella? Sin embargo, los mundanos nada dicen acerca de ello, y a los amigos no les causa la menor preocupación; en cambio, por la meditación de una hora, o porque ven que nos levantamos un poco más temprano de lo que se acostumbra, todos corren al médico para que nos cure del humor hipocondriaco y de la ictericia. Pueden pasar treinta días bailando; nadie se queja de ello, y, por la sola vela de la noche de Navidad, todo el mundo tose y se encuentra mal al día siguiente. ¿ Quién no ve que el mundo es un juez perverso, benévolo y condescendiente con sus hijos, pero duro y riguroso con los hijos de Dios?
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