Parte 4 · Capítulo 7
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
REMEDIO CONTRA LAS GRANDES TENTACIONES
Tramo 2 de 2
Y si, después de lo dicho, la tentación se empeña en importunarnos y en perseguirnos, no hemos de hacer otra cosa sino insistir por nuestra parte, en la protesta de que no queremos consentir; porque, así como las mujeres no pueden quedar casadas mientras dicen que no, de la misma manera no puede el alma, aunque muy agitada, ser jamás vencida si se niega a serlo.
No concedas beligerancia a tu enemigo, y no le contestes palabra, si no es aquella con que Nuestro Señor le respondió, y con la cual le confundió: « ¡Vete, Satanás! Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás». Y así como la mujer casta no ha de responder una sola palabra al hombre envilecido que le sigue haciéndole proposiciones deshonestas, sino que, dejándole al punto, ha de inclinar, al instante, su corazón del lado de su esposo, y ha de renovar el juramento de fidelidad que le prometió, sin entretenerse en dudar, así el alma devota, al verse acometida de alguna tentación, no ha de pararse en disputar y en responder, sino que, sencillamente, ha de volverse hacia el lado de Jesucristo, su esposo, y prometerle de nuevo que le será fiel, y que sólo quiere ser toda de Él, por siempre jamás.
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