Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 12

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA TRISTEZA

Tramo 1 de 3

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Dice San Pablo: «La tristeza que es según Dios, obra la penitencia para la salvación; la tristeza del mundo obra la muerte». Luego, la tristeza puede ser buena o mala, según sean los diversos frutos que causa en nosotros. Es cierto que son más los frutos malos que los buenos, porque los buenos sólo son dos: misericordia y penitencia, y los malos, en cambio, son seis: angustia, pereza, indignación, celos, envidia e impaciencia; lo cual hace decir al Sabio: «La tristeza es la muerte de muchos y, en ella, no hay provecho alguno», porque, por dos buenos riachuelos que manan de la fuente de la tristeza, hay seis que son muy malos.

El enemigo se vale de la tristeza para ocasionar tentaciones a los buenos; porque, así como procura que los malos se alegren en sus pecados, así también procura que los buenos se entristezcan en sus buenas obras; y así como no puede inducir al mal si no es haciéndolo agradable, de la misma manera no puede apartar del bien si no es haciéndolo desagradable.

El maligno se complace en la tristeza y en la melancolía, porque él está triste y melancólico, y lo estará eternamente; por lo que quiere que todos estén como él.

La tristeza mala perturba el alma, la inquieta, infunde temores excesivos, hace perder el gusto por la oración, adormece y agota el cerebro, priva al alma del consejo, de la resolución, del juicio, del valor, y abate las fuerzas; en una palabra, es como un invierno crudo que priva a la tierra de toda su belleza y acobarda a los animales, porque quita toda suavidad al alma y la paraliza y hace impotente en todas facultades.

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