Parte 4 · Capítulo 12
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA TRISTEZA
Tramo 3 de 3
Corno manojito de mirra es mi Amado para mí. Él reposará sobre mi pecho. Mis ojos se derriten por Ti, ¡ oh Dios mío!, diciendo: ¿ Cuándo me consolarás? ¡Oh Jesús!, seas para mí Jesús; viva Jesús, y vivirá mi alma. ¿ Quién me separará del amor de mi Dios?», y otras semejantes.
La disciplina moderada es buen remedio contra la tristeza, porque esta voluntaria aflicción exterior impetra el consuelo interior, y el alma al sentir los dolores de fuera, se distrae de los de dentro. La frecuencia de la Sagrada Comunión es excelente, porque este pan celestial robustece el corazón y regocija el espíritu.
Descubre todos los sentimientos, afectos y sugestiones que nacen de la tristeza a tu director y a tu confesor, con humildad y fidelidad; busca el trato de personas espirituales, y conversa con ellas, cuanto puedas, durante este tiempo. Y, principalmente, resígnate en las manos de Dios, disponiéndote a padecer esta enojosa tristeza con paciencia, como un justo castigo a tus vanas alegrías, y no dudes de que Dios, después de haberte probado, te librará de este mal.
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