Parte 4 · Capítulo 13
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS CONSUELOS ESPIRITUALES Y SENSIBLES Y CÓMO HAY QUE CONDUCIRSE EN ELLOS
Tramo 2 de 9
He aquí una importante advertencia: hemos de procurar conservar una continua e inalterable igualdad de corazón, en medio de una desigualdad tan grande de acontecimientos, y, aunque todas las cosas den vueltas y cambien continuamente en torno nuestro, nosotros hemos de permanecer constantemente inmóviles, mirando, caminando y aspirando hacia nuestro Dios. Que la nave tome este o aquel rumbo, que navegue hacia levante o hacia poniente, hacia el septentrión o hacia el mediodía, sea cual fuere el viento que la mueva, siempre su brújula mirará hacia su estrella favorita y hacia el polo. Que todo ande revuelto, no ya tan sólo en torno nuestro, sino aun dentro de nosotros mismos, es decir, que nuestra alma esté triste, alegre, en suavidad, en amargura, en luz y en tinieblas, en tentación, en reposo, en placer, en displicencia, en sequedad, en ternura; que el sol la abrase o el rocío la refresque.... es menester que siempre y constantemente la punta de nuestro corazón, nuestro espíritu, nuestra voluntad superior, que es nuestra brújula, mire incesantemente y aspire perpetuamente al amor de Dios, a su Creador, a su Salvador, a su único y soberano bien. «Ya vivamos, ya muramos, dice el Apóstol, si permanecemos en Dios... ¿Quién nos separará del amor y caridad de Dios?» No, jamás cosa alguna nos separará de este amor: ni la tribulación, ni la angustia, ni la muerte, ni la vida, ni el dolor presente, ni el temor de los accidentes futuros, ni los artificios del maligno espíritu, ni la elevación de las consolaciones, ni el abismo de las aflicciones, ni la ternura, ni la sequedad, han de separarnos jamás de esta santa caridad, que está fundada en Jesucristo.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.