Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 15

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

CONFIRMACIÓN Y ACLARACIÓN DE LO QUE HEMOS DICHO, CON UN EJEMPLO NOTABLE

Tramo 2 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

Esto, pues, aconteció, en el viaje de que tratamos, a uno de la comunidad, llamado Godofredo de Perona, consagrado, hacía poco, al servicio de Dios. Invadido súbitamente por la sequedad, privado de consuelo y lleno de tinieblas interiores, comenzó por acordarse de sus amigos del mundo, de sus parientes, de las riquezas que acababa de dejar, y fue acometido por una fuerte tentación, de la cual, por no haberla podido ocultar en su interior, se dio cuenta uno de sus amigos íntimos, quien, después de habérselo ganado con dulces palabras, le dijo confidencialmente: «¿Qué te ocurre? ¿Qué pasa, que, contra tu carácter, te vuelves pensativo y triste?» Entonces, Godofredo, suspirando profundamente, respondió: «

¡Ay, hermano! jamás en toda mi vida, estaré alegre». El compañero, movido a compasión por estas palabras, corrió, con celo fraternal, a contarlo al padre común, San Bernardo, el cual, al ver el peligro, entró en una iglesia cercana, para rogar a Dios por él. Godofredo, entretanto, agotado por la tristeza, puso la cabeza sobre una piedra y se durmió. Al poco rato, ambos se levantaron: el uno de la oración con la gracia alcanzada, y el otro del sueño, con el rostro tan sonriente y sereno, que su querido amigo, maravillado de un cambio tan grande y tan repentino, no pudo contenerse de recordarle amigablemente lo que antes le había respondido; entonces Godofredo le replicó: «Sí antes te dije que nunca estaría alegre, ahora te aseguro que jamás estaré triste».

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.