Parte 5 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
QUE CADA AÑO CONVIENE RENOVAR LOS BUENOS PROPÓSITOS CON LOS EJERCICIOS SIGUIENTES
Tramo 2 de 3
No hay reloj, por bueno que sea, al que no tengamos que dar cuerda dos veces al día, por la mañana y por la noche; además, es menester, a lo menos una vez al año, desmontar todas sus piezas, para sacar el orín que en ellas se haya formado, enderezar las torcidas y reparar las ya gastadas. Así, el que tiene verdadero cuidado de su corazón, ha de elevarlo hacia Dios, por la mañana y por la noche, con los ejercicios más arriba indicados, y, aparte de esto, ha de considerar muchas veces su estado, enderezarlo y arreglarlo; finalmente, a lo menos una vez al año, ha de desmontar y examinar, una por una, todas las piezas, es decir, todos sus afectos y pasiones, para reparar todas las faltas que en ellos pudiera haber. Y, así como el relojero unta con algún aceite refinado las ruedas y los resortes de su reloj, para que los movimientos se produzcan con más suavidad y la máquina esté menos expuesta al orín, así la persona devota, después de la práctica de este examen de su corazón, debe untarlo, para renovarlo cual conviene, con los sacramentos de la confesión y de la eucaristía.
Este ejercicio reparará tus fuerzas abatidas por el tiempo, enfervorizará tu corazón, hará que reverdezcan los buenos propósitos y que florezcan de nuevo las virtudes de tu espíritu.
Los antiguos cristianos así lo practicaban con toda diligencia, el día del aniversario del bautismo de Nuestro Señor> en el cual, como dice San Gregorio, obispo de Nacianzog renovaban la profesión y las protestas que se hacen al recibir este sacramento. Hagámoslo también, amada Filotea, preparándonos muy de buen grado y aplicándonos a ello con toda seriedad.
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