Santos Apóstoles · Kindle

Parte 5 · Capítulo 2

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

CONSIDERACIÓN SOBRE EL INMENSO BENEFICIO QUE DIOS NOS HACE AL LLAMARNOS A SU SERVICIO, SEGÚN LA PROMESA YA CITADA

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4. Considera por qué procedimiento hiciste las promesas. ¡Ah! ¡Qué dulce y generoso fue Dios para contigo en aquel tiempo! Mas díme ¿no fuiste invitada por los suaves atractivos del Espíritu Santo? Las cuerdas, con las cuales arrastró Dios tu barquichuela hacia este puerto de salvación, ¿no fueron el amor y la caridad? ¿No te atrajo después con su azúcar divino, con los sacramentos, la lectura y la oración? ¡Ah, amada Filotea!, tú dormías y Dios velaba por ti, y pensaba pensamientos de paz sobre tu corazón, y meditaba para ti.

meditaciones de amor.

5. Considera en qué tiempo te inspiró Dios estas grandes resoluciones; fue en la flor de tu edad. ¡Ah! ¡Qué gozo conocer tan pronto lo que sólo podemos saber demasiado tarde! San Agustín, ganado para Dios a la edad de treinta años, exclamaba: « ¡Belleza antigua! ¿Cómo te he conocido tan tarde? ¡Ah, te veía y no hacía caso de ti ! » Y tú podrías muy bien decir:

« ¡Oh Dulzura antigua! ¿ Por qué no te he saboreado antes?» Y sin embargo, todavía no lo merecías, por lo tanto, reconociendo la gracia que te ha hecho Dios, de atraerte en tu juventud, dile con David: « ¡ Oh Dios mío, Tú me has iluminado y tocado desde mi juventud, y yo proclamaré siempre tu misericordia». Y si esto no ha ocurrido hasta tu vejez,

¡qué gracia, Filotea, que, después de los abusos de los años precedentes, Dios te haya llamado antes de la muerte, y haya detenido el curso de tu miseria en un tiempo en el cual, si esto hubiese continuado, hubieras sido eternamente desdichada!

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