Parte 5 · Capítulo 2
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
CONSIDERACIÓN SOBRE EL INMENSO BENEFICIO QUE DIOS NOS HACE AL LLAMARNOS A SU SERVICIO, SEGÚN LA PROMESA YA CITADA
Tramo 3 de 3
Considera los efectos de esta vocación: según me parece, encontrarás en ti muy buenos cambios, si comparas lo que eres con lo que fuiste. ¿ No sientes gozo en saber hablar de Dios por la oración, en sentirte inclinada a quererle amar, en haber sosegado y pacificado muchas pasiones que te inquietaban, en haber evitado muchos pecados y tropiezos de conciencia y, finalmente, en haber comulgado con mucha más frecuencia que no lo hubieras hecho, uniéndote con esta soberana fuente de gracias eternas? ¡Ah! ¡Qué grandes son estas gracias! Es menester pesarlas con el peso del santuario. Es la diestra de Dios la que ha hecho todo esto. «La bondadosa mano de Dios, exclama David, ha hecho la virtud; su diestra me ha levantado. ¡Ah! no moriré, sino que viviré y proclamaré con el corazón, con la boca y con mis obras las maravillas de su bondad».
Después de todas estas consideraciones, las cuales, como ves, inspiran gran abundancia de buenos afectos, es menester acabar sencillamente con una acción de gracias y con una plegaria, anhelando sacar mucho provecho de ellas, retirándote con humildad y confianza en Dios; reservando el esfuerzo que exigen las resoluciones para después del segundo punto de este ejercicio.
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