Parte 5 · Capítulo 18
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
TRES ÚLTIMOS E IMPORTANTES AVISOS PARA ESTA «INTRODUCCIÓN»
Tramo 2 de 2
Finalmente, amada Filotea, te conjuro, por todo cuanto hay de sagrado en el cielo y en la tierra, por el bautismo que has recibido, por los pechos que amamantaron a Jesucristo, por el corazón amoroso con que Él te amó, y por las entrañas de la misericordia en la cual esperas, que continúes y perseveres en esta bienaventurada empresa de la vida devota.
Nuestros días se deslizan y la muerte está en la puerta. «La trompeta -dice San Gregorio Nacianceno-, toca a retiro; que cada uno se prepare, porque el juicio está cerca». La madre de Sinforiano, al ver que le conducían al martirio, gritaba detrás de él: «Hijo mío, hijo mío, acuérdate de la vida eterna; mira al cielo, y piensa en Aquel que reina en él; tu próximo fin presto acabará con tu carrera en este mundo». Filotea, lo mismo te digo yo; mira al cielo, y no lo dejes por el infierno; mira al infierno y no te precipites en él por gozar de unos momentos; contempla a Jesucristo, y no reniegues de Él por el mundo, y, cuando la tribulación de la vida devota te parezca dura, canta con San Francisco: «Mientras espero bienes mejores, el trabajo de ahora es pasatiempo».
¡VIVA Jesús! al cual con el Padre y el Espíritu Santo, sea honor y gloria, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Así sea.
Fin del libro.
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