Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 1

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Recuerdos de infancia

Tramo 11 de 16

Letra pequeñaMedianaGrande

Réstame ahora hablar de mi compañera de infancia, de mi Celina. Son tantísimos los recuerdos que conservo de ella, que no sé cuáles escoger. Las dos nos entendíamos perfectamente, pero yo era mucho más viva y menos ingenua que ella. La siguiente carta le recordará Madre mía, a qué extremo llegaba su dulzura y a qué otro mi malignidad. Tenía yo entonces cerca de tres años y Celina seis y medio.

“Mi Celinita es muy inclinada a la virtud; en cuanto al huroncito, no se sabe aún qué tal será ¡Es tan chiquitín y tan atolondrado! Es una niña muy inteligente, pero su carácter es mucho menos manso que el de su hermana, y sobre todo su terquedad es casi invencible. Cuando dice que no, nada la hace ceder; pasaría todo el día y la noche entera encerrada en el sótano, antes de decir que sí”.

Tenía yo además un defecto que no mencionaba mi madre en sus cartas, tal era un amor propio excesivo. Como muestra, citaré dos ejemplos:

Un día, queriendo probar mi madre hasta dónde llegaba mi orgullo, me dijo sonriendo: Teresita, si besas el suelo, te daré diez centavos. Esto era para mí una fortuna, y para ganarla en aquella ocasión, no tenía que rebajar mucho mi grandeza, pues mi exigua personita se elevaba muy poco sobre el suelo. Esto no obstante, se rebeló mi orgullo, y poniéndome muy tiesa, contesté a mamá: ¡oh, no, mamita, prefiero quedarme sin los diez centavos!

En otra ocasión habíamos de ir a casa de unos amigos que vivían en el campo. Mamá le dijo a María que me pusiera mi mejor vestidito, recomendándole que no me dejara los brazos al aire. No repliqué ni una palabra y hasta demostré la indiferencia que deben tener los niños a esa edad; pero pensé interiormente: Hubiera estado mucho más linda con mis bracitos al aire.

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