Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 1

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Recuerdos de infancia

Tramo 12 de 16

Letra pequeñaMedianaGrande

Me hago cargo muy bien de que, con semejante naturaleza, de no haber sido educada por padres virtuosos, hubiera sido muy mala andando el tiempo, y aun quizá me hubiera condenado eternamente. Pero Jesús velaba por su pequeña esposa, e hizo que todos esos sus defectos se volviesen provechosos para ella, pues combatidos a tiempo, le sirvieron para adelantar en la perfección. Efectivamente, bastaba que me dijeran una sola vez: Tal cosa no se hace, para que el amor propio y el amor al bien me impidieran volver a hacerla. Por las cartas de mi querida mamá, veo con gusto que, conforme iba creciendo, le daba más consuelos; los buenos ejemplos que tenía ante mi vista me impulsaban a imitarlos. Véase lo que escribía mi madre en 1876:

Hasta Teresita se empeña en hacer sacrificios. María dio a sus hermanitos unos rosarios hechos ex profeso para contar los actos de virtud; pero lo más curioso es ver cómo Teresita mete la mano en su bolsillo cien veces al día para correr una cuenta de su rosario cada vez que hace un sacrificio. Es graciosísimo también oír las verdaderas conferencias espirituales que sostienen las dos hermanitas entre sí. El otro día preguntaba Celina: “¿Cómo es posible que Dios esté en una hostia tan pequeña? ” Contestóle Teresita: “No es tan extraño, pues que Dios es todo poderoso”. “¿Qué quiere decir todopoderoso? ” “Quiere decir que hace todo lo que quiere”.

Las dos son inseparables y no necesitan de nadie para distraerse. La nodriza regaló a Teresita un gallo y una gallina de raza pequeña; pues al punto la nena dio el gallo a su hermana. Cada día, después de comer, Celina se apodera de su gallo; lo toma de golpe así como la gallina y van a sentarse junto al fuego, donde pasan jugando gran rato.

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