Capítulo 1
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Recuerdos de infancia
Tramo 13 de 16
Una mañana se le ocurrió a Teresita dejar su cama y pasar a la de Celina. La niñera la buscaba para vestirla; por fin la descubre; mas la niña, besando a su hermana y estrechándola muy fuertemente entre sus brazos le dice: “Déjame, Luisa: ¿no ves que nos pasa como a las dos gallinas blancas? ¡No podemos separarnos!”
Era mucha verdad; yo no podía pasar un momento sin Celina. Prefería no concluir de comer mis postres a dejar de seguirla en cuanto se levantaba de la mesa; revolvíame, entonces en mi elevada silla, queriendo bajar muy pronto, y nos íbamos a jugar juntas.
Era yo demasiado pequeña para asistir los domingos a la Misa Mayor, por lo que mamá se quedaba en casa conmigo. Entonces ponía especial cuidado en portarme muy bien: andaba de puntillas para no hacer ruido; pero en cuanto oía abrir la puerta, era una explosión de alegría sin par; desalada corría al encuentro de mi linda hermanita, diciéndole: ¡On, Celina, dame pronto el pan bendito! Olvidóse cierto día, por lo que, perplejas, nos preguntamos: ¿Qué haremos?... ya que no podía pasarme sin él; pues a este festín lo llamaba yo mi misa. De pronto, una idea luminosa cruzó por mi mente: ¿No tienes pan bendito? Bueno, pues, hazlo. Abrió entonces el armario y cortando un pedazo de pan, rezó ante él un Ave María con tono solemne y me lo presentó triunfante. Yo, haciendo la señal de la cruz, lo comí con gran devoción, encontrándole el mismo sabor que al pan bendito.
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