Capítulo 1
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Recuerdos de infancia
Tramo 16 de 16
¡Ah, con qué rapidez pasaron aquellos años llenos de luz y calor de mi tierna infancia! ¡Qué impresión tan suave dejaron en mi alma! Recuerdo complacida los días que papá nos conducía al pabellón, y sobre todo los paseos del domingo en los que nos acompañaba siempre nuestra buena madre. Todavía experimento los profundos y poéticos afectos que nacían en mi corazón a la vista de los campos de trigo, esmaltados de amapolas, acianos y margaritas. Gustaba ya de los lejanos horizontes, del espacio, de los altos árboles; en una palabra, el esplendor de la naturaleza me hechizaba y transportaba mi alma al paraíso.
Durante aquellos largos paseos encontrábamos a menudo algunos pobres; siempre era Teresita la encargada de llevarles la limosna, y en ello gozaba extraordinariamente. Muchas veces también encontraba mi buen padre demasiado largo el camino para su reinecita, por lo que, con gran disgusto de ella, la llevaba a casa antes que a las demás; mas al regresar, traía siempre Celina, para consolarla, su lindo canastillo lleno de margaritas.
En verdad puedo decir que todo en la tierra me sonreía; mi camino estaba sembrado de flores, y mi buen natural contribuía en mucho a hacerme la vida agradable. Pero iba a comenzar una nueva fase: a la que debía ser tan pronto esposa de Jesús, tocábale sufrir desde la niñez. Al igual que las flores de la primavera que empiezan a germinar bajo la nieve, abriéndose a los primeros rayos del sol, la florecita, cuyos recuerdos escribo, tuvo que pasar por el invierno de la tribulación y llenar su tierno cáliz del rocío de las lágrimas...
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