Capítulo 1
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Recuerdos de infancia
Tramo 8 de 16
En cuanto comete la menor travesura, ha de enterarse todo el mundo. Ayer, porque rasgó sin quererlo una esquinita del papel de la pared, daba lástima ver cómo se puso, pidiendo además que se lo dijeran al punto a su padre. Cuando entró éste en casa, cuatro horas después de lo sucedido, nadie se acordaba ya de nada; pero ella corrió a decirle a María: “Cuéntale pronto a papá que he rasgado el papel”. Y allí estaba como un criminal que espera su condena, pues se le ha metido en la cabecita que si se acusa la perdonarán más fácilmente.
Al ver aquí el nombre de mi querido papá, me vienen espontáneamente a la memoria ciertos recuerdos muy alegres. Siempre que entraba en casa, corría invariablemente a su encuentro, me sentaba en una de sus botas, y en esta posición me paseaba por las habitaciones y por el jardín todo el tiempo que se me antojaba. Decía mi madre riendo que hacía siempre mi santa voluntad, y él contestaba: ¿Qué quieres?, ¡si es la reina! Y estrechándome en sus brazos, me besabá y acariciaba de mil maneras.
Mas de ningún modo puedo decir que me mimara. Recuerdo muy bien que un día me columpiaba jugueteando, pasó él y me llamó diciéndome: ¡Ven a darme un beso, reina mía! Contra mi costumbre, no quise moverme, y le respondí con aire revoltosillo: Moléstate en venir, papá. Se marchó sin hacerme caso, e hizo muy bien. Pero María, que se hallaba presente, me dijo: Chiquilla mal educada, ¿cómo se permite contestar así a su padre? La lección hizo efecto; salté al punto del fatal columpio, y en toda la casa resonaron mis acentos de contrición. Subí corriendo la escalera, mas esta vez sin gritar mamá a cada escalón; mi único pensamiento era hallar a mi papá y reconciliarme con él, lo cual fue cuestión de un momento.
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