Capítulo 1
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Recuerdos de infancia
Tramo 9 de 16
No podía soportar un momento la idea de haber contristado a mis amadísimos padres, y reconocer mis faltas era cosa de un instante, como lo demuestra este otro rasgo de mi infancia relatado tan al natural por mi misma madre:
Una mañana quise besar a Teresita antes de bajar. Como me parecía profundamente dormida en su camita, no me atrevía a despertarla; pero me dijo María: “¡Estoy segura de que se hace dormida mamá!” Entonces me incliné para besarla en la frente; mas se escondió precipitadamente debajo de las sábanas, diciéndome con tono de niña mimada: “No quiero que me vean”. Esto me desagradó bastante y se lo dia entender. No habían transcurrido dos minutos, cuando la oí llorar y de pronto, con gran sorpresa mía, la vi a mi lado. Había saltado solita de la cama; había bajado la escalera con los pies descalzos, enredándose en su camisa de dormir, más larga que ella; y con la carita inundada de lágrimas me dijo, echándose a mis pies: “¡Mamá, mamá, he sido mala, perdóname!” ¡Bien pronto quedó perdonada! Tomé en brazos a mi querubín y estrechándola contra mi corazón, lo cubrí de besos.
Recuerdo también el grandísimo cariño que sentí desde entonces por mi querida madrina” que acababa de terminar sus estudios en la Visitación. Sin darlo a entender fijaba mi atención en todo lo que pasaba y decían en torno mío; me parece que juzgaba las cosas tal como ahora. Estaba muy atenta de lo que mi madrina enseñaba a Celina y para alcanzar el favor de ser admitida en su cuarto durante las lecciones estaba muy quieta y le obedecía en todo. En recompensa, me colmaba de regalos, los cuales a pesar de su poco valor, me proporcionaban grandísima alegría.
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