Capítulo 1
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Recuerdos de infancia
Tramo 5 de 16
Si una florecita tuviera el don de la palabra, me parece que diría con sencillez cuánto ha hecho Dios por ella, y no intentaría ocultar sus dones. So pretexto de humildad, no dirá que carece de gracia y de fragancia; que el sol ha descolorido su esplendor y la tormenta tronchó su tallo, teniendo la convicción de que es todo lo contrario. La flor que va a referir su historia se regocija al tener que publicar las atenciones verdaderamente gratuitas de Jesús. Reconoce que nada había en ella capaz de atraer sus divinas miradas; que sólo su misericordia la ha colmado de bienes. El es quien la hizo nacer en una tierra santa, saturada de fragancia virginal; El es quien la hizo preceder de ocho azucenas resplandecientes de blancura. Su amor quiso preservarla del envenenado soplo del mundo; y cuando apenas comenzaba entreabrirse su corola, la trasplantó el buen Maestro en la Montaña del Carmen, selecto jardín de la Virgen María.
En breves palabras acabo de resumir lo que Dios ha hecho conmigo, Madre mía; entraré ahora en los detalles de mi infancia; sé que para cualquiera otra persona resultaría enojosa esta relación, pero su corazón de Madre se complacerá en leerla. Además, los recuerdos que voy a citar son también los suyos; ya que pasé a su lado mi infancia y tuve la dicha de pertenecer a los piadosos padres que nos rodearon de los mismos cuidados y ternuras. ¡Dígnese bendecir a la menor de sus hijas y ayúdela a cantar las divinas misericordias!
Hasta mi entrada en el Carmen, distingo en la historia de mi alma tres períodos muy bien determinados: a pesar de su corta duración, no es el primero el menos fecundo en recuerdos; abarca desde el despertar de mi corazón hasta la partida de nuestra madre a la patria celestial, es decir, hasta la edad de cuatro años y ocho meses.
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