Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 2

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La muerte de su madre

Tramo 17 de 17

Letra pequeñaMedianaGrande

Tenía yo de seis a siete años cuando vi el mar por primera vez. Me impresionó profundamente; me era imposible apartar los ojos de aquel espectáculo. Su majestad, el rumor de sus olas, todo me hablaba de la grandeza y del poder de Dios. Recuerdo que en la playa un caballero y una señora me miraron largo rato; preguntaron a papá si yo era hija suya, y le dijeron que era una niña muy bonita. Al punto papá les hizo señas para que no me dirigieran ningún cumplido. A mí me satisfizo mucho oír esto, pues nome consideraba bonita, pues, tenía Vuestra Reverencia, Madrecita mía, tanto cuidado en no decir jamás nada que pudiera hacerme perder mi sencillez y candor infantil, y la creía yo en todo tan ciegamente, que no di importancia alguna a las palabras y muestras de admiración de aquellas personas, por lo que ya no pensé más en ello.

Por la tarde de aquel día, a la hora en que el sol parece bañarse en la inmensidad de las olas, dejando delante de sí un surco luminoso, fui a sentarme con Paulina en una roca solitaria; largo tiempo contemplé aquel surco de oro que comparaba mi hermana a la gracia iluminando en la tierra el camino de las almas fieles. Representóseme el corazón, en medio del luminoso surco, como una ligera barquilla con graciosa vela blanca, y tomé la resolución de no alejarlo jamás de la mirada de Jesús, para que pudiera bogar en paz y rápidamente hacia la playa celestial.

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