Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 2

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La muerte de su madre

Tramo 3 de 17

Letra pequeñaMedianaGrande

En esa época, según ya llevo dicho, empieza el segundo período de mi vida, el más doloroso, sobre todo desde la entrada en el Carmen de la que había escogido por mi segunda madre. Este período comprende desde la edad de cuatro años y medio hasta la de catorce, fecha en que volví a recobrar mi carácter de niña, sin dejar por ello, de comprender cada vez más lo serio de la vida.

Sabe muy bien Vuestra Reverencia, Madre mía, que después de la muerte de mamá, cambié por completo de carácter; antes era viva, expansiva y alegre; ahora, tímida, dulce, de exagerada sensibilidad. Bastaba una mirada a veces para que me deshiciera en lágrimas; no me gustaba que se cuidaran de mí; el trato de los extraños se me hacía insoportable; sólo volvía a recobrar mi alegría en la intimidad de la familia, donde seguía rodeada de las mayores atenciones y delicadezas. El corazón ya tan afectuoso de mi padre parecía enriquecido de un amor verdaderamente maternal, y las sentía a Vuestra Reverencia y a María transformadas para conmigo en las más tiernas y desinteresadas madres. Si Dios no hubiera prodigado a su florecita sus bienhechores rayos, jamás hubiera podido aclimatarse en la tierra. Demasiado tierna todavía para soportar las lluvias y las tormentas, mientras le era necesario, suave rocío y brisas primaverales. Nada de esto le faltó ni siquiera bajo la nieve de la tribulación.

No tuvo ningún sentimiento de abandonar Alenzón; a los niños les gusta el cambio y todo lo que sale de lo ordinario; por eso me trasladé con gusto a Lisieux. No me he olvidado del viaje; llegamos de noche a casa de mi tío; todavía veo a mis primitas Juana y María esperándonos a la puerta de la casa con mi tía. ¡Ah, cuánto agradeció mi corazón el cariño que nos demostraron nuestros parientes!

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